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sábado, 19 de noviembre de 2011

Oda al Amor


Amor, hagamos cuentas.
A mi edad
no es posible
engañar o engañarnos.
Fui ladrón de caminos,
tal vez,
no me arrepiento.
Un minuto profundo,
una magnolia rota
por mis dientes
y la luz de la luna
celestina.
Muy bien, pero, el balance?
La soledad mantuvo
su red entretejida
de fríos jazmineros
y entonces
la que llegó a mis brazos
fue la reina rosada
de las islas.
Amor,
con una gota,
aunque caiga
durante toda y toda
la nocturna
primavera
no se forma el océano
y me quedé desnudo,
solitario, esperando.

Pero, he aquí que aquella
que pasó por mis brazos
como una ola
aquella
que sólo fue un sabor
de fruta vespertina,
de pronto
parpadeó como estrella,
ardió como paloma
y la encontré en mi piel
desenlazándose
como la cabellera de una hoguera.
Amor, desde aquel día
todo fue más sencillo.
Obedecí las órdenes
que mi olvidado corazón me daba
y apreté su cintura
y reclamé su boca
con todo el poderío
de mis besos,
como un rey que arrebata
con un ejército desesperado
una pequeña torre donde crece
la azucena salvaje de su infancia.
Por eso, Amor, yo creo
que enmarañado y duro
puede ser tu camino,
pero que vuelves
de tu cacería
y cuando enciendes
otra vez el fuego,
como el pan en la mesa,
así, con sencillez,
debe estar lo que amamos.
Amor, eso me diste.
Cuando por vez primera
ella llegó a mis brazos
pasó como las aguas
en una despeñada primavera.
Hoy
la recojo.
Son angostas mis manos pequeñas
las cuencas de mis ojos
para que ellas reciban
su tesoro,
la cascada
de interminable luz, el hilo de oro,
el pan de su fragancia
que son sencillamente, Amor, mi vida.

Pablo Neruda

Luto en mi Alma


El ruido de mis alegrías,
Se ve opacado en estos días
Por el silencio de tu recuerdo.

Alegría en mi exterior,
Confusión en mi interior,
Luto en mi alma.

Tristezas que evocan el pasado,
Recuerdos de lo cuanto que te he amado,
Que creo que ni en la eternidad
Podrás decir que te he olvidado.

Mi Ángel


Hoy me miro al espejo de mis recuerdos
y veo pasar en mi memoria,
tiempos mejores y peores a los que vivo hoy.
Alegrías y tristezas,
que se quedaron en mi pasado,
alegrías que quisiera vivir de nuevo
y tristezas que quisiera borrar.
Vivir de nuevo el instante en el que te conocí,
olvidar el momento en el que te perdí.
Vivir de nuevo el instante en el que me besaste
por primera vez,
olvidar el momento en el que te tuve en mis brazos
por ultima vez.
Vivir el instante en el que te reías por mis locuras,
olvidar el momento en el que llorabas por mis desprecios.
Vivir el instante en el que me acariciabas con tus cálidas manos,
olvidar el momento en el que te desvanecías en mis manos.
Pero al final todas esas tristezas me hacen fuerte
y todas esas alegrías, débil.
Al final no perdí un gran amor,
simplemente, gane un Ángel.

No te conozco aun


Pasan los días pero mi pensamiento sigue paralizado,
extasiado en el instante que te acercaste,
no te conocía, es más,
no te conozco aun, pero has participado de todos mis triunfos y fracasos.
No te conozco aun, pero tú sabes cada uno de mis deseos,
conoces cada uno de mis defectos y te preocupas por cada uno de mis problemas.
No te conozco aun y sin embargo ríes cuando río,
me calmas cuando me enfado y me consuelas cuando lloro.
No te conozco aun y sin embargo me llamas por mi nombre y me pides que te siga.
No te conozco aun, pero estoy seguro que como tú,
nadie me conoce.
Enséñame a conocerte para que a través de mí,
muchos te conozcan.

viernes, 18 de noviembre de 2011

El Cuervo

Una vez, en una taciturna media noche,
mientras meditaba débil y fatigado,
sobre un curioso y extraño volumen
de sabiduría antigua,
mientras cabeceaba, soñoliento,
de repente algo sonó,
como el rumor de alguien llamando
suavemente a la puerta de mi habitación.
>> Es alguien que viene a visitarme - murmuré
y  llama a la puerta de mi habitación.
Sólo eso, nada más. <<

Ah, recuerdo claramente
que era  en el negro Diciembre.
Y que cada chispazo de los truenos hacía
danzar en el suelo su espectro.
Ardientemente deseaba la aurora;
vagamente me proponía extraer
de mis libros una distracción para mi tristeza,
 para mi tristeza para mi Leonor perdida,
la rara y radiante joven
a quien los ángeles llamaban Leonor,
para quien, aquí, nunca más habrá nombre.

Y el incierto y triste crujir de la seda
de cada cortinaje de púrpura
me estremecía, me llenaba
de fantásticos temores nunca sentidos,
por lo que, a fin de calmar los latidos
de mi corazón, me embelesaba repitiendo:
>> Será un visitante que quiere entrar
y  llama a la puerta de mi habitación.
Algún visitante retrasado que quiere entrar
y  llama a la puerta de mi habitación.
          Eso debe ser, y nada más <<.

De repente, mi alma, se revistió de fuerza;
y  sin dudar más
dije:
>> Señor, o señora,
 les pido en verdad perdón;
pero lo cierto es que me adormecí y
habéis llamado tan suavemente
 y  tan débilmente habéis llamado
a la puerta de mi habitación
que no estaba seguro de haberos oído <<.
Abrí la puerta.
          Oscuridad y nada más.

Mirando a través de la sombra,
estuve mucho rato maravillado,
extrañado dudando, soñando más sueños que
ningún mortal se habría atrevido a soñar,
pero el silencio se rompió
y la quietud no hizo ninguna señal,
y  la única palabra allí hablada fue
la palabra dicha en un susurro >>¡Leonor!<<.
Esto dije susurrando, y el eco respondió
en un murmullo la palabra >>¡Leonor!<<.
          Simplemente esto y nada más.

Al entrar de nuevo en mi habitación,
toda mi alma abrasándose,
muy pronto de nuevo, oí una llamada
más fuerte que antes.
>> Seguramente -dije-, seguramente es
alguien en la persiana de mi ventana.
Déjame ver, entonces, lo que es,
y resolver este misterio;
que mi corazón se calme un momento
y averigüe este misterio.
          ¡ Es el viento y nada más.<<

Empujé la ventana hacia afuera,
cuando, con una gran agitación
y movimientos de alas
irrumpió un majestuoso cuervo
de los santos días de antaño.
No hizo ninguna reverencia;
no se paró ni dudó un momento;
pero, con una actitud de Lord o de Lady,
trepó sobre la puerta de mi habitación,
encima de  un busto de Blas,
encima de la puerta de mi habitación.
          Se posó y nada más.
  
Entonces aquel pájaro de ébano,
induciendo a sonreír mi triste ilusión
a causa de la grave y severa
solemnidad de su aspecto.
>> Aunque tu cresta sea lisa y rasa
-le dije-, tú no eres un cobarde <<.
Un torvo espectral y antiguo cuervo,
que errando llegas de la orilla de la noche.
Dime: >> ¿Cual es tu nombre señorial
en las orillas plutónicas de la noche?
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

Me maravillé al escuchar aquel desgarbado
volátil expresarse tan claramente,
aunque su respuesta tuviera
poco sentido y poca oportunidad;
porque hay que reconocer
que ningún humano o viviente
nunca  se hubiera preciado de ver
un pájaro encima de la puerta de su habitación.
          Con un nombre como >> Nunca más <<.

Pero el cuervo, sentado en solitario
en el plácido busto, sólo dijo
con aquellas palabras, como si con ellas
desparramara su alma.
No dijo entonces nada más,
no movió entonces ni una sola pluma.
Hasta que yo murmuré: >> Otros amigos
han volado ya antes  <<.

En la madrugada me abandonará,
como antes mis esperanzas han volado.
Entonces el pájaro dijo: >> Nunca más <<.

Estremecido por la calma,
rota por una réplica tan bien dada,
dije: >> Sin duda <<.
Esto que ha dicho
es todo su fondo y su bagaje,
tomado de cualquier infeliz maestro
al que el impío desastre
siguió rápido y siguió más rápido
hasta que sus acciones fueron
un refrán único.

Hasta que los cánticos fúnebres
de su esperanza, llevaran la melancólica carga de
>> Nunca - nunca más <<.
Pero el cuervo, induciendo todavía
mi ilusión a sonreír,
me impulsó a empujar de súbito
una silla de cojines delante del pájaro,
del busto y la puerta;
entonces, sumergido en el terciopelo,
empecé yo mismo a encadenar
ilusión tras ilusión, pensando
en lo que aquel siniestro pájaro de antaño
quería decir al gemir >> Nunca más <<.

Me senté, ocupado en averiguarlo,
pero sin pronunciar una sílaba
frente al ave cuyos fieros ojos, ahora,
quemaban lo más profundo de mi pecho;
esto y más conjeturaba,
sentado con la cabeza reclinada cómodamente.
Tendido en los cojines de terciopelo
que reflejaban la luz de la lámpara.
Pero en cuyo terciopelo violeta,
reflejando la luz de la lámpara,
ella no se sentará ¡ ah, nunca más!

Entonces, creo, el aire se volvió
más denso, perfumado por un invisible incienso
brindado por serafines cuyas pisadas
sonaban en el alfombrado.
>> Miserable -grité-. Tu dios te ha permitido,
a través de estos ángeles te ha dado un descanso.
Descanso y olvido de las memorias de Leonor.
Bebe, oh bebe este buen filtro,
y olvida esa Leonor perdida.
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

>> Profeta -dije- ser maligno,
pájaro o demonio, siempre profeta,
si el tentador te ha enviado,
o la tempestad te ha empujado hacia estas costas,
desolado, aunque intrépido,
hacia esta desierta tierra encantada,
hacia esta casa tan frecuentada
por el honor. Dime la verdad, te lo imploro.

¿ Hay, hay bálsamo en Galad? ¡Dime,
dime, te lo ruego ! <<.
          El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

>> Profeta -dije-, ser maligno,
pájaro o demonio, siempre profeta,
por ese cielo que se cierne sobre nosotros,
por ese dios que ambos adoramos,
dile a esta pobre alma cargada
de angustia, si en el lejano Edén
podré abrazar a una joven santificada
a quien los ángeles llaman Leonor,
abrazar a una  preciosa y radiante
doncella a quien los ángeles llaman Leonor <<.
          El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

>> Que esta palabra sea la señal de nuestra separación,
 pájaro o demonio - grité
incorporándome.
¡ Vuelve a la tempestad
y la ribera plutoniana de la noche!
No dejes ni una pluma negra como prenda
de la mentira que ha dicho tu alma.
¡ Deja intacta mi soledad!
¡ Aparta tu busto de mi puerta!
¡ Aparta tu pico de mi corazón,
aleja tu forma de mi puerta! <<.
          El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

Y el cuervo sin revolotear, todavía posado,
todavía posado,
en el pálido busto de Palas
encima de la puerta de mi habitación,
sus ojos teniendo todo el parecido
del demonio en que está soñando,
y  la luz de la lámpara que le cae encima,
proyecta en el suelo su sombra.
Y mi alma, de la sombra que yace flotando
en el suelo no se levantará...
          ¡ Nunca más !


Edgar Alan Poe

Paradoja

Mi corazón se encuentra silenciado,
abrumado por las cosas que no pasaron
acosado por el pasado que no fue. 
Mi mente parece pérdida,
separada de mi cuerpo y unida al pasado,
viajando conmigo y sin mí. 
La paradoja toca mi puerta para reclamar lo que deje perder,
lo que pague y nunca me perteneció,
quizás algún día me deje en paz
pero cada día que pasa
creo que solo me dejara en paz
cuando llegue el momento de partir al viaje sin retorno,
mientras tanto
seguiré tratando de huir de esa paradoja,
ocupando mi mente en otra cosa y engañando a mi corazón.

Tu recuerdo vive en mi

Tu recuerdo vive en mí,
en mi habitación se siente tu presencia,
pero ya perdí tu amor
como se pierde un sueño al despertar,
al amanecer saldrá el sol de nuevo
pero tú, mi eterno amor, no volverás,
quisiera saber en que falle,
porque nunca te pude hablar,
hoy muero porque estés a mi lado,
hoy solo tu recuerdo vive en mí,
como el perfume de una flor
que, marchita, se niega a morir.
Tu silencio me acuerda de ti,
tu sonrisa sigue aquí, 
tu recuerdo vive en mi,
quítame este dolor.
y sácame de mi soledad.

Tu recuerdo

Hoy, sentado ante la oscuridad de la noche
y mirando fijamente la flama de la vela, 
quizás mi única acompañante en esta fría noche,
sin contar las cuantas mariposas que llegan y perecen ante ella.


Sentado, analizando lo poco de lógica que queda en mi cabeza
y de repente, esos fragmentos de lógica
pasan a ser recuerdos borrosos de lo que fuese tu rostro
y me pregunto... ¿Por qué?


¿Por qué te deje escapar? ¿Por qué estando tan cerca te sentía tan lejos?
hoy, cuando realmente estas lejos
me doy cuenta de lo tonto que fui
y solo queda responderme preguntas tontas.


Y aquí estoy hoy
acompañado por la soledad, 
una vela 
y tu recuerdo.